Cayetano Santos Godino
y los orejudos del fin del mundo
La justicia condenó al petiso orejudo a purgar sus asesinatos
en el presidio del fin del mundo; pero los crímenes
perpetrados en la Argentina por otro orejudo de ínfima estatura moral, condenándonos a ser el país del fin del mundo, siguen impunes
por Oscar Oriolo
Entre 1902 y 1947 funcionó en el fin del mundo, Ushuaia, el Presidio y Cárcel de Reincidentes.
De entre los personajes y leyendas que se forjaron, tanto dentro como fuera del perímetro del penal y que aún siguen resonando, podemos rescatar algunos casos elegidos no demasiado azarosamente:
El histórico militante anarquista Simón Radowitzky estuvo preso entre 1911 y 1930 por haber ajusticiado, mediante la explosión de una bomba, al entonces jefe de la policía Ramón Lorenzo Falcón, célebre represor de obreros. Radowitzky fue el único preso que consiguió fugarse de la penitenciaría; vestido con ropas de guardiacárcel huyó a Chile donde, luego de 23 días de libertad, fue recapturado.
Herns, conocido como “serruchito”, era tratante de blancas; asesinó a su socio suponiendo que, si no lo mataba, su propia vida corría riesgos de caer en manos de éste. Descuartizó su cuerpo y lo arrojó, con peso extra, a los lagos de Palermo. Confió en el peso del tórax y supuso que no necesitaría suplementarlo. No contó con que los pulmones lo harían flotar: esa fue su condena. Irónicamente desarrolló tareas de carnicero en el presido, teniendo gran precisión con las articulaciones y descuartizando reses con habilidad, maestría y, por supuesto, fruición. En algún reportaje que le hicieron dentro del penal dijo que “estaría libre si hubiese sabido algo de anatomía”.
Mateo Banks formaba parte de la gente de buena posición económica de Azul; asesinó a los miembros de su familia para apoderarse de los bienes materiales y así, entre comillas, poder hacerle honor a su apellido. Fue considerado el primero de los asesinos seriales adultos de nuestro país. El incidente, recordado como la “matanza de Mateo Banks”, anegó las primeras planas de los medios nacionales.
Y ya que mencionamos el episodio, ocurrido en abril de1922, podemos comentar que dos días antes (sábado 15 y domingo 16), Gardel y Razzano se habían presentado en el Teatro Español de esa localidad para brindar un espectáculo; esta presentación sólo consta en los archivos del teatro. Como es sabido, la vida de Carlos Gardel, conocida en parte a través de conjeturas y supuestos, se desarrolló entre la duda y las sombras. Por la falta de documentos concretos y determinantes es difícil comprobar muchos de los aspectos que de él se cuentan. Tampoco se pueden encontrar archivos, prontuarios o sentencias para sustentar la leyenda que señala su reclusión en la cárcel del fin del mundo. Los guardias y los pobladores de aquella época no dudaban en confirmar la autenticidad de la historia. Supuestamente cumplió una condena corta por un delito menor cometido en Buenos Aires. Está en duda el motivo: unos dicen que pudo haber sido por un lío de polleras o político; otros, que hizo de campana en un robo y, luego de un tiroteo, pudo ser detenido por la policía. Se sabe que a temprana edad frecuentaba burdeles y boliches en los cuales se celebraban reuniones políticas y se mezclaban los sonidos de las guitarras con los vahos del alcohol. Gardel hacía sus primeras armas cantando en esos tugurios donde se entreveraban payadores, compadritos, orilleros e inmigrantes que buscaban cumplir sueños irrealizables en tierras europeas. Por lo tanto, no es descabellada la posibilidad de que el futuro “Zorzal Criollo” haya tenido una prematura jaula alrededor de sus 17 o 20 años; la edad depende de la fecha de nacimiento que permanece en las sombras de la discordia.
Pero en realidad es de Cayetano Santos Godino de quien nos queremos ocupar; el petiso orejudo sí habitó los helados muros del penal siendo muy precoz.
Historial
Cayetano Santos Godino nació un 31 de octubre de 1896. Hijo de inmigrantes calabreses: Lucía Ruffo y Fiore Godino. Eran, en total, ocho hermanos; y no es cierto que el nombre del famoso licor se debiera a que su padre, albañil, fuese muy apegado a la bebida, además de golpeador y otras lamentables virtudes. Un tiempo antes que naciera Cayetano, había contraído sífilis, lo cual favoreció a que éste ya viniese enfermo al mundo.
Nuestro personaje se salvó de la muerte en varias oportunidades a causa de su frágil salud. Fue expulsado de todas las escuelas debido a su falta de interés por los estudios y a su conducta imposible de encauzar. Eso hizo que a temprana edad anduviese vagando por las calles con absoluta falta de afecto y contención. Mortificaba perros, pájaros y cuanto animal e insecto se cruzara en su camino. Su propio padre, incapaz de imponerle límites, lo llevó a la comisaría para que lo escarmentaran por sus incorrecciones. Estuvo arrestado en la Alcaldía, Segunda División, cerca de dos meses.(1)
Lejos de querer justificarlo y para comprender un poco las causas que lo llevaron a ese temprano accionar delictivo deberíamos imbuirnos de su amargo contexto y el de la época que le tocó vivir. Cayetano era un chico en situación de calle: tenía una familia desastrosa, hacinada en la promiscuidad de un conventillo; no sólo el padre era bebedor, también lo era, al menos, otro de sus hermanos; vivía vagabundeando la mayor parte del día, no tenía trabajo y, por su condición –díscolo y menor- tampoco le sería viable conseguirlo.
Ritual de iniciación
Cuando sólo contaba con siete años de edad, valiéndose de alguna artimaña, llevó a un niño de poco menos de dos años a un baldío ubicado en la calle Estados Unidos, lo golpeó y lo arrojó sobre una mata espinosa. La suerte quiso que hubiera un vigilante quien, percatado del incidente, detuvo la golpiza y llevó a los dos menores a la comisaría de donde luego fueron retirados por sus madres. A partir de esa prueba de fuego, ya no detendría sus felonías.
Carrera de la muerte
Poco después del hecho relatado, condujo a una niña de unos 18 meses a un baldío de la inmediaciones de Loria y San Carlos y le golpeó la cabeza con una piedra. Nuevamente el destino interpuso un vigilante para evitar el desenlace que hubiera sido fatal. Una vez más Cayetano fue detenido y puesto en libertad a las pocas horas.
Por esa época conoció a otro chico de su edad, con quien robaba relojes que más tarde vendía en los negocios de compra-venta.
Un niño de 22 meses fue conducido desde la puerta de su casa, en Venezuela al 3600, hasta un estanque donde abrevaban los animales de un corral, frente al Colegio del Sagrado Corazón, lo arrojó al agua y lo golpeó y empujó con una tabla intentando ahogarlo hasta que el dueño y un peón del establecimiento los descubrieron y llevaron a Cayetano a la comisaría, de la cual salió al día siguiente.
Otro chico de unos 20 meses, sentado en el umbral de la puerta de su casa, fue víctima de su sadismo: intentó quemarle los párpados con la brasa de un cigarrillo.
Los padres de Cayetano, ante la imposibilidad de contener sus provocaciones, volvieron a llevarlo a la policía. Esta vez fue conducido a la colonia de menores de Marcos Paz, donde permaneció por unos tres años. Allí aprendió muy rudimentariamente a leer y garrapatear algunas palabras. Lejos de tener avances en su conducta, se incrementó su eficacia criminal.
En 1912, cumpliendo con un afán pirómano, prendió fuego a los biblioratos de la oficina de un corralón ubicado en la esquina de Corrientes y Pueyrredón, provocando un incendio que los bomberos no pudieron controlar. Ese fue un año en que el espanto se apoderó de Buenos Aires, ya que una serie de asesinatos e intentos de asesinato de menores fue moneda corriente:
En enero, Arturo Laurora fue asesinado y encontrado en una vivienda abandonada de la calle Pavón 1541.
El 7 de marzo, un sujeto prendió fuego a la ropa que vestía Benita Vainicoff. Fue en la vereda de un local identificado con el Nº 322 de la calle Entre Ríos. La niña falleció a causa de las quemaduras recibidas.
El 8 de noviembre el intento de homicidio de otro menor fue frustrado; pero el 4 de diciembre de 1912, un siniestro título del diario La Prensa, "Asesinato de un niño de tres años. Un hecho salvaje", terminaría llevando, paradójicamente, algo de tranquilidad a la población, ya que daba cuenta del último asesinato de la macabra serie. Esta vez se trató de Gerardo Giordano, encontrado por su propio padre; yacía en un baldío, con una soga alrededor del cuello y un clavo incrustado en la cabeza. Un testigo declaró haber visto a Gerardo en compañía de un muchachito de las características de Cayetano, es decir: petiso y orejudo.
Sin saber que era perseguido por la policía, fue a contemplar a su víctima al velatorio. Su casa fue allanada al día siguiente y allí fue apresado.
Confesó ese crimen, varios incendios, siete intentos de homicidio, y cuatro asesinatos. Las víctimas tenían entre 3 y 6 años. Manifestó que muchas mañanas, después de recibir los rezongos de su padre y de sus hermanos, salía de su casa con la intención de buscar trabajo, y como no lo conseguía, lo poseían intensos deseos de matar. Entonces, cuando se topaba con algún chico, lo llevaba por medio de algún ardid a un lugar oculto e intentaba quitarle la vida atormentándolo primero y apretándole el cuello después.
Godino, que sólo tenía 16 años, fue declarado inimputable e internado en el hospital psiquiátrico de Mercedes. Después de haber atacado a varios pacientes e intentado huir, la Cámara Nacional del Crimen revocó el fallo y fue condenado a cumplir con el castigo de cadena perpetua en el Presidio y Cárcel de Reincidentes de Ushuaia donde permaneció por más de 30 años.
Durante su estadía en el presidio no recibió ni escribió cartas. Ninguna persona, incluyendo a sus familiares, lo visitó ni se comunicó de modo alguno. Difícilmente eso le haya causado extrañeza. El mismo afecto que recibió en libertad, fue el que recibió en cautiverio. Tal vez, algún zumbido en su cabeza y un irresistible deseo de matar para calmar sus ansiedades lo hayan asaltado en algún momento. Posiblemente eso le haya sucedido, en las postrimerías de su existencia, cuando le quitó la vida al gato, mascota del pabellón, al que primero torturó quemándole los ojos con un cigarrillo. Entre las frías, lúgubres y descascaradas paredes, el desahogo de sus agitaciones íntimas le valió una escalofriante paliza ejecutada por los reclusos que compartían su atribulada y angustiosa reclusión.
Especulando con el tiempo
Daremos un salto al presente, en el cual, si miramos un poco a nuestro alrededor, podemos ver en la gran cantidad de niños salidos de hogares carenciados, a potenciales petisos, aunque no vayan a ser orejudos, ya que la desnutrición, además de hacer estragos en las capacidades intelectuales, altera la estatura pero no las orejas.
Esta situación de precariedad actual no es fortuita, viene de la mano de otro orejudo, petiso sólo en su ínfima estatura moral: el de un terrateniente que lleva por apellido el nombre de una herramienta para segar (bisnieto de otro estanciero con mismo apellido que recibió de Roca 2.500.000 -¡¡¡2.500.000!!!- hectáreas de las más fértiles tierras que no eran suyas) . Y vaya si segó..., pero vidas humanas. Y muy lejos de haber salido de algún hogar precario, desnutrido sólo de ética, sin haber pasado hambre ni tener las facultades mentales alteradas, y muy en pleno uso de su capacidad intelectual, con planes fríamente concebidos para desarticular el país, además de llevar el hambre a incontables familias y a la muerte por esa condición a miles de niños (que aún hoy, por falta de interés o decisión de los que están encargados de llevar adelante los destino del país, sufren ese estigma), también fue aliado y Ministro de Economía –función que aprovechó para sus fines- del entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla, criminal condenado por la justicia argentina, quien, junto a otros secuaces y por medio de otras herramientas menos campestres, también supo segar miles de vidas.
Sombras en la oscuridad
Opaca fue la vida de Godino. Y para agregarle más oscuridad a su lúgubre existencia, empañada por la absurda tenebrosidad con la que le quitó la vida a sus inocentes víctimas, no sólo murió entre las sombras del penal, también entre sombras están las circunstancias en las que dejó este mundo. Algunos especularon que su muerte fue resultado de la golpiza antes mencionada. Otros, suponían que murió a causa de una hemorragia interna, causada por una úlcera gastroduodenal. De todos modos, nadie desconocía los maltratos físicos y la violencia sexual a los que era sometido. De haber alguna posibilidad de autopsia para despejar las dudas al respecto, podríamos mencionar que, después de haberse clausurado el penal en el año 1947, al remover el cementerio, sin documentación que echara luz sobre un posible traslado, sus restos ya no estaban allí.
Se dijo también que, en 1927, fue sometido a una operación estética, practicada por los médicos del penal, para reducirle el tamaño de las orejas, ya que allí, suponían, radicaba la razón de su maldad. Obviamente, ese tratamiento fracasó.
Coincidiendo plenamente con el orejudo ministro en la falta de escrúpulos, Cayetano Santos Godino jamás en su vida manifestó ningún remordimiento por los crímenes que cometió. Por esas extrañas razones de la justicia, que supuestamente nos iguala, sólo este último padeció cárcel.
(1)
Primer detención de Cayetano Santos Godino por pedido de su padre del 5 de abril de 1906. En la ciudad de Buenos Aires, a los cinco días del mes de abril de 1906, compareció una persona ante el infrascripto, Comisario de Investigaciones, la que previo juramento que en legal forma prestó, al sólo efecto de justificar su identidad personal dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de cuarenta y dos años de edad, con dieciocho de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en 24 de noviembre 723. En seguida expresó; que tiene un hijo llamado Cayetano, argentino, de nueve años y cinco meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya dónde crea sea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa lectura, se ratificó y firmó. Fdos: FRANCISCO LAGUARDA, Comisario. - FIORE GODINO […] Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y se remitió comunicado a la Alcaldía Segunda División, a disposición del señor Jefe de Policía.
OSCAR GAGLIARDI; JUAN LA TERZA Y JORGE MANRIQUE. El museo del crimen de la Policía Federal. Buenos Aires, Biblioteca Policial, 1946, pag. 149.
Publicado en la Revista LILITH Nº 5
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